Radiofrecuencia
También llamada radiofrecuencia térmica, elimina el dolor causando lesión por el calor, mediante una corriente de baja energía con altas frecuencias, eleva la temperatura a los 80ºC para interrumpir la transmisión del dolor.
Interrumpe la corriente para controlar la temperatura y suprimir el calor en el tejido. La temperatura máxima alcanzada es de 40-42 º C en un tiempo corto.
La radiofrecuencia pulsada crea una modulación nerviosa, reduciendo significativamente la inflamación y sus síntomas asociados. Tiene como ventaja que no es destructiva, por lo que puede estar indicada en casos donde la radiofrecuencia convencional no puede usarse. La radiofrecuencia pulsada crea una modulación nerviosa, reduciendo significativamente la inflamación y sus síntomas asociados.
El efecto de la radiofrecuencia pulsada es rápido y sin efectos adversos. De las diferentes terapias disponibles, la radiofrecuencia pulsada se encuentra entre las menos invasivas. El tratamiento dura pocos minutos y en muchos casos es suficiente una sesión.
Utilizando la radiofrecuencia convencional, también llamada radiofrecuencia térmica, e impidiendo que la temperatura en la punta activa de electrodo exceda los 42 °C.
Forma alternativa, donde existe la posibilidad de aplicar pulsos de radiofrecuencia. Cuando se utilizan estos últimos, los periodos silentes entre ciclos se emplean en eliminar el calor por conductividad y por el efecto de la vascularización que se ha creado durante las partes activas del ciclo.
PRINCIPALES INDICACIONES
Dentro del campo de la medicina, las aplicaciones relacionas con la radiofrecuencia son múltiples, entre las más comunes que se encuentran dentro del campo del dolor cabe destacar:
EL DOLOR CRÓNICO Y LA RADIOFRECUENCIA
El dolor crónico tiene una etiología multifactorial y se considera crónico cuando excede el tiempo esperado de recuperación y hay una incapacidad del cuerpo para recuperar funciones fisiológicas a niveles normales.
Requiere tratamiento multidisciplinario y esto abarca desde los manejos farmacológicos y los no farmacológicos, hasta los tratamientos intervencionistas, que para mejorar la calidad de vida de estos pacientes requieren de equipo específico y habilidades técnicas especiales por parte de los profesionales sanitarios.
El dolor crónico es un síndrome complejo que va a requerir de una información precisa y completa que permita realizar una evaluación previa y que señale el mejor tratamiento posible. Intentar que desaparezca la sensación dolorosa por medio de procedimientos mínimamente agresivos pero que logren modular la transmisión del dolor, es el objetivo de las Unidades del Dolor.
Para lograrlo, se aplican técnicas específicas, que pueden ir desde la radiofrecuencia, hasta los tratamientos farmacológicos, sin olvidar aquellas terapias basadas en el bloqueo de los nervios que transmiten la sensación dolorosa.
El origen, en general del dolor es la activación, debido a diferentes problemas de sensores localizados en muchas partes de nuestro organismo y la transmisión desde estos, por una compleja red nerviosa, hasta el cerebro.
Los objetivos, además de mejorar la calidad de vida, es también mejorar la funcionalidad, disminuir el dolor, abatir costos, satisfacer al usuario y disminuir las complicaciones. La radiofrecuencia (RF) es una de las herramientas disponibles para el manejo del dolor crónico; se utiliza desde principios del siglo XX, con diversidad de indicaciones y grado de éxito.
Se le considera como un procedimiento percutáneo de mínima invasión para pacientes que no responden apropiadamente al tratamiento convencional.
La neurotomía por radiofrecuencia utiliza el calor generado por las ondas radioeléctricas para dirigirse a esos nervios específicos e interfiere temporalmente en la capacidad de enviar señales de dolor.
Las agujas insertadas a través de la piel cerca del área dolorida aplican las ondas radioeléctricas a los nervios específicos.
El médico utilizará exploraciones de diagnóstico por imágenes durante la neurotomía por radiofrecuencia para asegurarse de que las agujas estén en la posición correcta.
Si la técnica se lleva a cabo en manos de un experto y siguiendo consejos de seguridad, tiene muy pocos efectos secundarios. La intervención ha de practicarse en un quirófano para mantener la asepsia (ausencia de gérmenes que puedan provocar una infección), y con la seguridad de ver exactamente la zona donde se introduce la cánula, es decir, bajo control radiológico o ecográfico.
Al ser una técnica física, existen las molestias de la infiltración (por la anestesia local y la sedación, que son mínimas). En el caso de no controlar la inserción de la cánula, otra complicación podría ser una punción no deseada en otra estructura o en un vaso y provocar un hematoma. Para reducir la probabilidad de complicaciones, una técnica de seguridad es comprobar la estimulación motora y sensitiva una vez se tiene la cánula en la ubicación adecuada y controlada radiológicamente.
Con unas preguntas al paciente y antes de proceder a realizar la radiofrecuencia, se practica una estimulación en la que el paciente nota un hormigueo (parestesias) en la zona donde habitualmente siente el dolor, lo que significa que la cánula está en posición adecuada.
En el momento actual y en manos entrenadas en el manejo intervencionista del dolor, se considera una técnica segura y eficaz en el tratamiento del dolor crónico con una baja incidencia de complicaciones.
Es un método seguro, con buena tasa de éxito, en donde el tamaño de la lesión se determina por la temperatura; efectivo en el dolor mediado por el sistema simpático y en el de origen somático, además de su aplicación en el tratamiento de disestesias y síndromes dolorosos neuropáticos; sin olvidar sus aplicaciones en la ablación de metástasis tumorales.
Las ventajas de la ablación por radiofrecuencia, en comparación con la cirugía, incluyen menor morbilidad, menor tiempo de procedimiento, tratamiento ambulatorio en gran proporción de casos y actualmente la capacidad de tratar a los pacientes que son pobres candidatos a procedimientos quirúrgicos.
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